Uruguay – Pepe Mujica recibe al círculo de Podemos en Uruguay

Uruguay – Pepe Mujica recibe al círculo de Podemos en Uruguay

Nosotros pudimos y ustedes podrán

Pepe Mujica recibe al círculo de Podemos en Uruguay

Montevideo, 17 de diciembre de 2015

Uruguay es un país que se hizo con la emigración española y en particular la diáspora gallega. Casi 60.000 personas tienen pasaporte español y es imposible caminar por las calles montevideanas sin ver, constantemente, los testimonios de esa oleada migratoria. El pasado sábado, José “Pepe” Mujica, expresidente y ahora senador de Uruguay, salió a recibir a un grupo de integrantes del círculo de Podemos en Montevideo. Un poco despistados y bastante cohibidos, bajo una gloriosa bougainvilla en flor –auspiciosamente morada, por cierto–, Mujica se encontró con una muestra de las consecuencias del austericido que ha sufrido nuestro país en los últimos años.

Ignacio, profesor de español y escritor. Susana, su compañera, ha sido fichada como especialista por el Ministerio de Desarrollo Social, una de las herramientas claves del Frente Amplio para sacar a centenares de miles de personas de la pobreza. Alicia, en cambio, a sus cincuenta y pico años, ha retornado a Uruguay tras dos décadas viviendo y trabajando en Palma de Mallorca. Es una “retornada”, española y uruguaya, con dos almas y víctima de dos crisis diferentes. Carlos, en cambio, estaba en el paro en España cuando Uruguay le ofreció una beca posdoctoral: aun se maravillan de haber podido echar mano de un especialista en arqueología contemporánea formado en otro país a un coste enorme. María, por su parte, es periodista, sobrevivió encadenando contratos basura en una televisión local controlada por el PP en su pequeña ciudad natal hasta que se hartó y emigró con Jorge, su pareja, que se tiró tres años en el paro y que fue contratado por el Ministerio de Cultura uruguayo como especialista en museos.

“Tá, emigraron ustedes bien”, comenta el Pepe –como es conocido cariñosamente en su país– cuando oye nuestras historias. Le ilusiona que hayamos venido a Uruguay, “tan pequeño y tan generoso siempre”, porque sabe que sumamos. También sabe que nuestra emigración nos duele: no en vano la nostalgia es una de las características de la sociedad uruguaya, construida sobre recuerdos de patrias lejanas y esperanzas de retorno más o menos cumplidas.

Sabemos que Mujica no va a pedir el voto para Podemos y nosotros no se lo vamos a reclamar: el Pepe es un símbolo para mucha gente y prefiere abordar nuestra militancia de otra manera, para no ofender a sus buenos amigos españoles que militan en otras formaciones más tradicionales: “está linda la bougainvilla, tan morada”, y guiña los ojos divertido. Le comentamos que en el último año que ha pasado desde que se reunió, todavía como presidente, con Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Pablo Bustinduy, los medios nos han machacado, haciéndonos vivir una travesía difícil que hemos llevado con la mayor ilusión posible: “pero vamos a poder, Pepe”, le decimos casi al unísono, con la seguridad de ser parte de una ola imparable. Mujica asiente: “Lo importante es estar unidos. Es algo complicado: el Frente Amplio… es un montón de discusiones. El poder desgasta, hay que ser conscientes de ello. Nosotros pudimos y ustedes podrán”.

No volverá a hablar de la situación española, se concentra en hacernos sentir en casa. Y lo consigue. De pronto no somos un grupo de gallegos –una forma amable de referirse a los españoles en Uruguay– cohibidos ante la presencia de uno de los símbolos más potentes de la coherencia política y vital, somos los invitados del Pepe y de Lucía, su compañera de vida. Hablamos de política, pero también de nuestro país, de cómo siempre ha habido una llama de resistencia, de la sensación embriagadora de las acampadas del 15M, del sabor metálico en la boca cuando la policía irrumpía en un StopDesahucios, del amor colectivo –porque otro nombre no tiene– de nuestras “manis” multitudinarias. Pepe nos contará que conoció a Mao y que no entendió nada, porque traducían del chino al inglés, del inglés al francés y del francés al español; nos explicará su ascendencia vasca –”cómo se come en Muxía”, suspira–.

Pepe nos relata una historia anecdótica, cuando en 1962, él y Lucía viajaron a España. En Granada, un maestro les llevó clandestinamente a conocer el paraje donde fusilaron a Federico García Lorca, quien fue huésped de Montevideo unos meses antes de su asesinato y dejó allí una huella imborrable. Pepe y Lucía quisieron enviar una postal y la estanquera colocó los sellos, con la efigie de Franco boca abajo. Guiñándoles los ojos, con una sonrisa que sacudía de un plumazo la opresión de una dictadura de hierro, les dijo: “Este siempre va así, colgado al revés”. Ese es el espíritu, concluyó: “Resistir y vencer”.

Y mientras salíamos de su morada, bajo el sol del verano austral, nos dimos cuenta de que hemos resistido. Y el 20D, comenzaremos a vencer. Porque, joder, claro que podemos.